El número más duro es que solo el 18,7% de la población apoya la reforma constitucional. Es un resultado que no deja margen para ningún tipo de expectativa oficial. Casi siete de cada diez fueguinos —el 69,4%— expresan desacuerdo con el proyecto. Es una derrota anticipada en las urnas que los datos están mostrando desde hace meses con anticipación.
Pero el problema de Melella no termina en el rechazo a la reforma en sí. Si hubiera un plebiscito hoy, el 55,2% iría a votar para oponerse al proyecto del gobernador. Solo el 15,8% lo acompañaría. La distancia entre ambos campos es de casi cuarenta puntos. En términos electorales, eso no se remonta con ninguna campaña.
El oficialismo provincial, encima, perdería hoy con su declarado adversario: La Libertad Avanza lidera la intención de voto con el 33,2%.
Sin embargo, hay un matiz que vale la pena señalar: el 28,9% todavía no sabe qué haría. No son indiferentes —son ciudadanos que no tomaron posición, lo cual en política suele beneficiar al status quo, es decir, al rechazo. Para que Melella salga airoso necesitaría capturar a prácticamente todos los indecisos y todavía así quedaría corto.
Así las cosas, la lectura política es clara: Melella está apostando a una reforma que la propia ciudadanía fueguina no le pidió y rechaza mayoritariamente, en un momento en que su gestión de gobierno acumula un 58,9% de evaluación negativa y apenas el 15,7% de la población lo considera honesto y transparente.
Convocar a una reforma constitucional desde esa posición de debilidad parece una apuesta desesperada por retener algo de poder en el final de su gobierno.
La historia argentina está llena de gobernantes que intentaron usar la reforma constitucional como mecanismo de reposicionamiento político cuando perdían terreno. Algunos lo lograron. La diferencia es que esos casos tuvieron, al menos en el arranque, una ciudadanía que acompañaba el proceso o que al menos no lo rechazaba activamente. En Tierra del Fuego, ese punto de partida mínimo no existe: la población tiene otras prioridades y urgencias.
Análisis de Castelli Luis