La decisión de la ANPYN de cerrar el muelle secundario de catamaranes debido a supuestos "daños estructurales críticos" ha dejado al descubierto un absurdo técnico que roza el ridículo administrativo. Ante la inhabilitación, las autoridades nacionales decidieron de manera provisoria mudar toda la operatoria turística y de pasajeros al muelle comercial. La paradoja es total: el muelle comercial es el mismo que la propia ANPYN había calificado meses atrás como "inseguro" e "insuficiente" para justificar el avance de la polémica intervención sobre el puerto de Ushuaia.
La maniobra obligó a que la gestión provincial liderada por Roberto Murcia pusiera el grito en el cielo ante lo que consideran un manejo basado en criterios políticos y de conveniencia por sobre estándares técnicos rigurosos. "Se clausura un muelle con proyectos de reparación ya en marcha y se traslada la actividad a un área que ellos mismos dijeron que estaba en emergencia", señalan en los pasillos de la DPP. Esta improvisación en la reubicación de los catamaranes despierta serias dudas en el sector turístico privado sobre la verdadera capacidad de gestión de la intervención central en vísperas del movimiento portuario más importante del año.