Pero incluso si esa explicación fuera cierta, el episodio deja planteada una pregunta mucho más profunda: ¿cómo puede una gestión que se presenta como moderna, tecnológica e innovadora quedar prácticamente paralizada frente a una contingencia informática?
Durante años, la administración de Martín Perez construyó un discurso basado en la innovación, la digitalización y la incorporación de tecnología al Estado municipal. Incluso el sitio oficial muestra que áreas vinculadas a servicios digitales y sistemas dependen de estructuras específicas de Innovación Pública.
Sin embargo, cuando el sistema falla, las consecuencias parecen trasladarse directamente a trabajadores y proveedores.
Si efectivamente existió un ataque informático, lejos de cerrar la discusión, la agrava: expone la falta de infraestructura de respaldo, protocolos de contingencia y sistemas alternativos capaces de garantizar funciones elementales del Estado como el pago de salarios y obligaciones.
Una gestión que invierte millones y hace de la innovación una de sus principales banderas debería contar con redundancias, copias de seguridad, sistemas de recuperación y mecanismos administrativos que permitan continuar funcionando aun ante una emergencia tecnológica.
Porque la modernización no se mide por la cantidad de plataformas, aplicaciones o anuncios que se presentan. **Se mide por la capacidad del Estado de seguir funcionando cuando aparece un problema.
Y si una falla o un supuesto hackeo alcanza para frenar pagos esenciales, la discusión ya no pasa solamente por quién atacó los servidores.
La pregunta es cuánto se invirtió, cómo se invirtió y por qué, después de tantos años hablando de innovación, el sistema municipal resultó ser tan vulnerable.