La estructura del fútbol de salón ushuaiense se fracturó definitivamente tras la consolidación de un polo federativo paralelo que resolvió cortar lazos con la Confederación Argentina de Fútbol de Salón. La maniobra, que busca alinear a un sector dirigencial de la capital fueguina con la Asociación Mundial de Futsal (AMF), encendió las alarmas de las instituciones tradicionales al dejarlas al margen del calendario de torneos oficiales a nivel nacional.
El quiebre institucional responde a una estrategia para retener el flujo económico que habitualmente se destina a los aranceles de una federación nacional. Al operar de manera independiente, la dirigencia del nuevo espacio obtiene el control discrecional sobre el cobro de derechos de formación, las transferencias de deportistas y los aranceles del arbitraje local, una de las cajas de financiamiento más recurrentes del circuito.
Además del factor financiero, la disputa incluye la presión por el uso de los gimnasios públicos y la búsqueda de posicionamiento como interlocutores directos ante el Estado provincial y municipal. Esta puja por el acceso a programas de financiamiento público y pasajes para delegaciones mantiene en vilo al semillero del futsal fueguino, que ve comprometida su inserción en los torneos más relevantes de la Argentina.